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La fascinante historia de Hellen Keller, la mujer que superó las adversidades y pasó a ser el cerebro más inteligente de América

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En el marco del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, declarado en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad, así como concientizar sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica y cultural, quisiera rendir homenaje a una persona extraordinaria, una mujer ciega, sorda y muda, catalogada como “El cerebro más inteligente de América”.

La aludida, Hellen Keller, fue un caso tan excepcional por su talento y por su fuerza de voluntad en condiciones tan adversas, que no tiene parangón en la historia de la humanidad.

Esta notable mujer se sentía cerrada por mil candados. Pero entendió bien pronto que, ella era la llave, que todos los seres humanos somos enfermos o incurables de algo. Y llegó a amar su forzosa soledad y a entender que cuando se ama la soledad, puede encontrársela hermosa.

Pero no debo referirme a la historia de Hellen Keller sin entrar en la valiosa personalidad de otra mujer “especial”, que estuvo unida espiritualmente a ella por varias décadas: Ana Sullivan.

Su fascinante vida acaba a sus 87 años, tras sufrir un ataque cardíaco, el 1 de junio de 1968 en su residencia de Easton, Connecticut (Shutterstock)
Su fascinante vida acaba a sus 87 años, tras sufrir un ataque cardíaco, el 1 de junio de 1968 en su residencia de Easton, Connecticut (Shutterstock)

Nació en un pequeño pueblo llamado Tuscumbia, en el sureño estado de Alabama en los Estados Unidos.

Su nombre completo es Helen Adams Keller. Hija de Arthur H. Keller y Kate Adams. Sus padres tenían una granja y su padre había sido propietario del periódico Tuscumbia North Alabamian. Era una familia con comodidades y una buena situación económica, sin embargo se vieron envueltos en una mala racha a causa de la derrota de la Confederación, por lo que vivieron de una manera más humilde a partir de ese momento. Entre sus antepasados habían varios soldados de guerras y algunos nombres famosos, como por ejemplo Casper Keller, originalmente suizo y propietario de grandes tierras en Alabama, y otro antepasado que fue el primer maestro para sordos en Zúrich.

Su familia, era de sólida posición económica y buen nivel cultural. Estaba emparentada con el General Robert E. Lee, el gran rival del General Grant en la Guerra de Secesión.

De apariencia normal al nacer, su madre notó después del año, que Hellen no veía. El médico diagnosticó: ausencia congénita de retina. ¡Nunca podría ver!

Pronto se agrandaría la tragedia. Sus padres iban notando que la niña tampoco oía. Desesperados y conociendo la lucha que a favor de los ciegos realizaba el inventor del teléfono, Graham Bell, recurrieron a él.

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Graham les sugirió el nombre un Instituto (Perkins) de Boston, cuyo director colocó en la vida de Hellen Keller el primer haz de luz espiritual. La relacionó con Ana Sullivan, una cálida maestra de ese Instituto, que había estado ella misma al borde de la ceguera. De la que pudo curarse.

La familia la contrató en forma permanente. Ana sentía que una fuerza irresistible la acercaba a la dulce criatura no vidente. Y comenzó la lucha de ambas. Fue muy dura y difícil al principio.

Pero iba apareciendo lentamente el milagro. Hellen aprendía con sorprendente rapidez mediante el lenguaje de los dedos, el significado de palabras importantes. Recordemos que también era muda. Fue agregando verbos y sustantivos. La niña estaba entrando en el mundo. Ya sabía que su anochecer no tendría aurora, que respirar no es vivir y que no es el tiempo el que pasa, sino nosotros los que pasamos por el tiempo.

Su caso, por la evolución que iba teniendo, estaba adquiriendo rápida notoriedad. Hellen, deseaba seguir avanzando. No ignoraba que con inauditos esfuerzos, podría llegar a hablar, aunque haciéndolo –claro está- de una manera diferente que sus semejantes.

En once lecciones aprendió sus cuatro primeras palabras: ¡Ya no soy muda!, exclamó Hellen, que en ese momento tenía diez años (Shutterstock)
En once lecciones aprendió sus cuatro primeras palabras: ¡Ya no soy muda!, exclamó Hellen, que en ese momento tenía diez años (Shutterstock)

Anna Sullivan, su maestra, conmovida por la férrea voluntad de la niña viajó con ella a Boston, a un famoso Instituto para sordos. En sólo once lecciones, apoyando un dedo en su garganta y otro en sus labios, Hellen logró articular sus primeras cuatro palabras, imperfectas sí, pero hermosas.

-¡Ya no soy muda!, dijo. Tenía en ese momento diez años. Aquí entró en su vida, por medio de un inteligente sistema, un hermano en el dolor: Luis Braille. Este inventor francés –también ciego desde los 3 años- había creado a los 17 años un método que llamaría “Sistema de Escritura para uso de los Ciegos”, que se inmortalizaría con el nombre de “Sistema Braille”. Luego, crearía una aritmética y un sistema de anotación musical.

Braille, al que por supuesto Hellen Keller no pudo conocer, pues había fallecido en 1852, jugó un papel decisivo en su futuro. Escritores como Dickens, Moliere, Racine, La Fontaine, todos ellos traducidos al Braille, comenzaron a ser devorados por Hellen con avidez. Sabía que los grandes escritores son maestros que enseñan sin tomar examen.

Pasaron los años y continuaba su intensa pasión por la lectura. (Hizo amistad con Mark Twain y con figuras como el bajo Chaliapin y el violinista Jascha Haifetz). Ingresó incluso a la Universidad. Y superaba en las notas a muchos compañeros sin discapacidad. Claro que las autoridades le permitían que Ana Sullivan, su maestra, la acompañáse y tradujese el lenguaje de sus manos. Logró doctorarse en Filosofía.

Una moneda la recuerda en Alabama, Estados Unidos (Shutterstock)
Una moneda la recuerda en Alabama, Estados Unidos (Shutterstock)

Ya montaba a caballo, nadaba, jugaba al ajedrez. Daba conferencias. Vivía de esas conferencias, decorosamente. También realizaba giras que abarcaban gran parte del territorio de los EE.UU. Y decidió publicar un libro.

Salieron, de su mente privilegiada varios de ellos: “El Mundo en que Vivo”, fue el primero, luego “La Clave de la Vida”, “En Plena Corriente”, “Historia de mi Vida”.

Llegó a filmar, también, una película; “Liberación”, en la que fue protagonista.

Le alcanzó su tiempo y su altruismo para ayudar espiritual y económicamente a los no videntes y sordos de su país, (desde la Fundación Americana para Ciegos). Y le llegó un golpe desgarrador. Murió su amiga y compañera de medio siglo: Anna Sullivan.

Y un día 2 de junio de 1967, a los 87 años, moría Hellen Keller, la mujer que supo de la grandeza de los placeres pequeños. Que en muchos momentos se habrá sentido como la única habitante de la tierra. Que sufrió como pocos para poder avanzar, pero que tuvo clara conciencia de que más sufriría no avanzando. Y que terminó dando al mundo una lección invalorable de tesón y de fé.

Y este ser humano excepcional inspiró en mi este aforismo:

“Muchos miran sin ver. Otros ven sin mirar”.

(*) El autor, José Narosky es un escribano y escritor argentino, reconocido por sus célebres aforismos. Escribió más de 17 mil, de los cuales solo publicó 3 mil.

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Siri Hustvedt: “Cuando un hombre escribe un libro lleno de referencias intelectuales es celebrado; si una mujer lo hace, es considerada pretenciosa»

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Todos aceptamos que el pasado moldea inevitablemente nuestro presente, ¿pero si lo opuesto fuera más cierto aún? ¿Que lo que somos y experimentamos a diario, todo aquello que conforma nuestro ser acá y ahora, podría tener la capacidad de provocar cambios en nuestra historia (o lo que recordamos de ella, que es lo mismo)?Ese es el tema principal del nuevo libro de Siri Hustvedt, Recuerdos del futuro (Seix Barral), que combina ingeniosamente novela de iniciación (joven de pueblo chico llega a la gran ciudad y aprende sobre sexo, amistad y sororidad) con la muy en boga autoficción (la protagonista comparte varias características con la autora, comenzando por sus iniciales), todo salpicado por las obsesiones recurrentes de la escritora estadounidense: el feminismo como radicalidad indispensable para sobrevivir, la ambigüedad de la memoria y el poder emancipador del arte.Para presentar este nuevo trabajo, Hustvedt, flamante ganadora del Princesa de Asturias de las Letras, estuvo por estos días en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde compartió el escenario con la mítica escritora mexicana Elena Poniatowska, quien se declaró admiradora de la autora de El verano sin hombres por “enseñar a través de la literatura y el conocimiento de la mente humana”, en alusión al siempre presente costado científico del proyecto literario de Hustvedt."Recuerdos del futuro", (Seix Barral), de Siri HustvedtAlta, imposiblemente elegante y de buen humor incluso cuando está confrontando a los periodistas, esta escritora estadounidense de padres noruegos y marido famoso (nada menos que Paul Auster) se apartó 25 minutos de su ocupada agenda en Guadalajara para sentarse a conversar con Infobae Cultura. A continuación, la charla:—¿Cuánto tiene el libro de autobiográfico? ¿Cuántos de estos recuerdos del futuro son sus recuerdos del pasado?—Bueno, al igual que la protagonista del libro, yo también me mudé a Nueva York en 1978, también estudié en la Universidad de Columbia y también viví en el departamento que indico vive la protagonista, pero todo lo demás que sucede en la novela es básicamente inventado. Así que hay algo de mi vida, pero no mucho. —¿Y qué la llevó a querer reescribir ese algo de su vida?—Mi intención era justamente esa, contar en una novela cómo siempre estamos reescribiendo nuestro pasado. Y que no se trata solo de que la distancia creada por el tiempo tiene que ver con revisitar nuestra historia, sino que nos ofrece además nuevas posibilidades de reflexión sobre el pasado. Entonces los recuerdos adquieren diferentes significados dependiendo de la situación en la que se encuentra quien los evoca. —Una idea filosófica—Una idea filosófica, sí. Freud tenía un concepto para aludir a ese fenómeno, nachträglichkei, que podríamos traducir libremente como comprensión diferida. El estudió cómo la realidad dinámica de la persona tiene efectos en su memoria, cómo la altera. Pero no se trata nada más de distorsionar, digamos, sino también de trascender recuerdos que son traumáticos. En el caso del libro, es un ataque sexual lo que marca a la protagonista, y ella debe lidiar con ese trauma. 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Entonces se me ocurrió el personaje de la vecina de la protagonista, y a partir de ahí comencé a reformular toda la novela.Pero como ya había hecho todo el trabajo de conceptualización en la versión anterior que había fracasado, escribir esta novela fue bastante sencillo, se generó bastante orgánicamente. Tenía los temas, pero no fue hasta que se me ocurrieron algunos personajes que pude destrabar la escritura.(AFP)—La leí en una entrevista comparando la estructura de la novela a un origami. ¿Eso también fue planeado o fue una revelación posterior?—Posterior, posterior, no pensé “voy a hacer un origami” (risas). Lo que ocurrió es que había terminado de escribir el libro, y un día estaba parada en la cocina pensando en él y me pregunté: “¿Qué es esto que acabo de hacer? ¿Cómo lo definiría?”. Y me di cuenta que el libro empieza con un pequeño pedazo de papel, y la historia se va doblando, y doblando un poco más, y hay frases que vuelven a aparecer, pero cada vez que lo hacen tienen otros significados, son cada vez más densas. 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Pero he notado que cuando un hombre escribe un libro lleno de referencias intelectuales o analogías complejas, es celebrado, pero cuando una mujer lo hace, es considerada pretenciosa, y en el mejor de los casos destacan sus aspectos menos desafiantes.—Ok, no es un libro encantador entonces…—No, aprecio el comentario, pero generalmente en la prensa la única intelectualidad que se celebra es la de los hombres. La de las mujeres tiene que diluirse en algo más; de lo contrario, somos percibidas como arrogantes.—En el libro la protagonista es advertida por una de sus amigas de que el mundo ama a los hombres poderosos, pero a las mujeres poderosas no tanto.—Es así, lamentablemente. Y la protagonista padece muchas de las cosas que sufren las mujeres en todos lados, que no tienen que ver solamente con la violencia sexual, aunque esa es probablemente la más grave, sino con el desprecio, la condescendencia, microagresiones totalmente normalizadas por la sociedad. Y ella sin embargo sigue siendo agradable con todo el mundo porque esos maltratos son lo esperado, pero lo que tiene que hacer es irse de esos lugares y alejarse de esa gente.Siri Hustvedt, en los Princesa de Asturias (MIGUEL RIOPA / AFP) (MIGUEL RIOPA/)—Ya que hablamos de misoginia, alguien que aparece en su novela es el presidente de su país, Donald Trump. ¿Hasta qué punto su libro es una respuesta a su presidencia y a su persona?—Bueno, no podría decir que es una respuesta directa a su presidencia, pero algo de eso hay. Mi intención era más bien explorar cómo reacciona la sociedad cuando hablan estos supuestos grandes hombres, desde genios verdaderos como Einstein o Duchamp hasta alguien como Trump, que le habla a la masas blancas resentidas. Porque no te olvides que 61 millones de personas votaron por él. Y más allá de que el libro tiene aspectos satíricos, también expresa una gran furia.—¿Cómo la ha afectado la elección de Trump? ¿Cambió en algo su escritura?—Bueno, algo así inevitablemente te afecta, como escritora y como persona. Es algo que te provoca enojo pero que también te da miedo. Pero para responder tu pregunta, te diría que desde la elección de Trump he escrito artículos con mayor contenido político. Y estoy aterrada por lo que van a ser las consecuencias de estos cuatro años. Incluso si en el 2020 Trump se va, representa algo que es muy antiguo en nuestro país, así que no irá del todo.—¿De qué es un síntoma Trump?—Bueno, si ves nuestra historia, cuando Estados Unidos se ha fundado en base a los ideales republicanos, la igualdad pregonada no era tan igualitaria, los derechos eran solo para hombres blancos que tuvieran tierra. Los compromisos que se hicieron con respecto a la esclavitud. Los esclavos negros “equivalían” a ⅗ de un hombre blanco, así se los contó cuando fueron entregados al sur para poblarlo. Y los políticos que llaman “nuestros fundadores” eran muy escépticos de la democracia pura, porque si de 100 personas que están reunidas, 51 deciden algo que es terrible, las otras 49 tienen que hacerles caso. Eso es el Brexit, por cierto (risas). Así que el temor a la tiranía de las mayorías y la protección de las minorías teóricamente siempre parte de nuestras ideas, pero la realidad es que los afroamericanos y las mujeres estuvieron a través de la historia por debajo del hombre blanco, que en la mitología estadounidense es el elegido, es algo que está muy enraizado. En todos los países hay racismo, no estoy diciendo que es un fenómeno exclusivamente estadounidense, pero el nuestro es particularmente virulento. Y Trump es la encarnación de esa fantasía racista, la manifestación de ese historial terrible y también, por supuesto, una respuesta a la elección de Barack Obama y a las modificaciones demográficas más diversas. Así que en mi opinión, el trumpismo no tiene nada que ver con la “ansiedad económica” de ciertos votantes, tiene que ver con que si vos elevás a un hombre negro a la presidencia, o si ponés a mujeres inteligentes como candidatas, el hombre blanco se siente amenazado y humillado, y reacciona.—Por último, ¿quién le gustaría que fuese el próximo o la próxima presidente de su país?—Elizabeth Warren, definitivamente. Creo que ella es por lejos la más inteligente de todos los candidatos demócratas. Tiene una gran energía, y eso que no es tan joven, es más grande que yo. Me encantará verla como presidenta de los Estados Unidos, pero lo veo difícil. A Joe Biden creo ya se le pasó el momento. 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