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Resistir y protestar en democracia

(REUTERS/Henry Romero) (HENRY ROMERO/)

Las calles de París tomadas por las protestas de los chalecos amarillos, las barricadas en Cataluña, lo que está sucediendo en Ecuador, el Líbano, Egipto, Hong Kong y el estallido social producido en Chile, reflotan un viejo y circular debate constitucional, el referido al “derecho de resistencia a la autoridad”.

Lo de antiguo tiene que ver con que bien temprano en la historia -podríamos comenzar con Aristóteles, Santo Tomás, Francisco de Vitoria o John Locke, pero voy a evitarle al lector retroceder tanto en el tiempo- la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional francesa el 26 de agosto de 1789, en su primer artículo proclamó la existencia de los derechos fundamentales a los que consideró imprescriptibles e inalienables, al tiempo que reconoció expresamente la libertad e igualdad entre las personas.

Pero vayamos al punto. Aquello que importa ahora es que en medio de esa revolución normativa, la célebre declaración, en el artículo segundo sostuvo que el objeto principal de toda asociación política es la de preservar ciertos derechos, entre los que destacó -nada más ni nada menos- que el derecho de resistencia.

Aclarado el tema acerca de lo poco novedosa que resulta la discusión, vayamos al segundo adjetivo calificativo que utilicé en la introducción: circular.

Efectivamente, el derecho de resistencia a la autoridad es uno de esos derechos que te hacen girar por el borde del constitucionalismo; caerse o mantenerse dentro depende de la respuesta que demos al siguiente interrogante: ¿frente a que casos y en que circunstancias se está constitucionalmente habilitado para ejercer el derecho de resistir a la autoridad? Veamos.

Lo primero que corresponde señalar es que lamentablemente la cuestión no puede definirse mediante este único interrogante, por consiguiente veremos que -a mi entender- el asunto es significativamente más delicado, pues en el preciso instante en que superemos positivamente esta primera incógnita, se abrirá otra –igual o más compleja que la anterior: ¿qué órgano, institución o autoridad tiene la competencia legal/constitucional para decidir si el derecho de resistencia fue regularmente practicado?

Es decir: ¿quién tiene el poder de definir, y en todo caso la última palabra, para decidir si está justificada o no la resistencia ejercida?

Imaginemos por un momento que ya resolvimos el primero y el segundo de los interrogantes planteados y en consecuencia ya tenemos bien en claro cuando y bajo qué circunstancias está justificado resistir y quien es la autoridad con la competencia para definir si el derecho de resistencia fue ejercido regular o abusivamente.

¿Qué sucedería en el caso que la resistencia se haya ejercido precisamente contra esa autoridad que tiene en sus manos la decisión institucional mencionada?

En definitiva, el asunto del derecho de resistencia a la autoridad puede atraparnos en una rotonda, debido a lo cual corremos el riesgo de girar alocadamente sin avanzar hacia ningún lado, o bien, elegir la salida que nos regresará una y otra vez al punto de partida.

¿Cómo resuelve (si es que lo hace) nuestra Constitución Nacional esta cuestión?

En primer lugar hay que destacar que en el tercer párrafo del artículo 36 –incorporado en la reforma del año 1994- el texto constitucional reconoce expresamente a todos los ciudadanos el derecho de resistencia y aclara que podrá ser ejercido “contra quienes ejecutaren los actos de fuerza enunciados en este articulo”.

Ahora bien, ¿cuales son los actos de fuerza que enuncia ese artículo? Son los mencionados en el primer párrafo: aquellos actos ejercidos contra el orden institucional y el sistema democrático, a los cuales agrega luego (a modo de aclaración) los actos de usurpación de funciones previstas para las autoridades de la Constitución o las de las provincias.

Como se lee, la cláusula constitucional es víctima de una deficiente técnica legislativa, una fenomenal vaguedad en la redacción y una pésima elección de las palabras, pues pareciera que reduce los actos de fuerza a los dos últimos señalados, cuando sin embargo -es fácilmente observable- que existen actos de fuerza contra el orden institucional o el sistema democrático que no se materializan exclusivamente en la usurpación de las funciones mencionadas.

En definitiva, los constituyentes del 94 no fueron capaces de establecer pautas verdaderamente objetivas, concretas y precisas que impidan -o al menos dificulten- la discrecionalidad en un tema tan delicado y fundamental como el derecho de resistencia, pues claramente la amplitud y opacidad de su texto solo consiguen mantenernos atrapados en aquella rotonda.

Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas y Especialista en Constitucionalismo. Profesor Adjunto Regular de derecho constitucional de la UBA y Titular de la Cátedra de derecho político de la Universidad de San Isidro- Placido Marín

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Dos argentinos llegaron de China, nadie los controló y decidieron ponerse en cuarentena

Laura y Leonardo Crespo Con casi tres mil muertes y más de 80 mil personas infectadas, el avance del coronavirus tiene en vilo al mundo. Pese a que el Ministerio de Salud informó que los 21 casos en estudio que se registraron en Argentina dieron negativo, continúan los cuestionamientos de algunos pasajeros que ingresan al país y denuncian que en el aeropuerto no se les aplica el protocolo para prevenir la propagación del virus. Es el caso de Leonardo Crespo y su hermana Laura que tras vivir en primera persona el avance del coronavirus en China, regresaron a Argentina y ante la falta de controles, tomaron la decisión de aislarse. La comunidad científica informó que las personas pueden ser portadoras del virus, pese a no tener síntomas específicos como la fiebre, sin embargo, en diálogo con Infobae, Leonardo comentó que al llegar a la Argentina profesionales médicos le respondieron que “si no teníamos síntomas no nos preocupáramos”. Leonardo y Laura, oriundos de Mar del Tuyú, residen en China y tenían previsto regresar a Argentina. Ante la incertidumbre por el avance del virus y debido a que se empezaron a cancelar varios vuelos, decidieron adelantar su vuelta al país. Al llegar al aeropuerto de Beijing el pasado 24 de febrero, lo encontraron “prácticamente vacío”. “La poca gente que había andaba con máscaras”, describió y agregó que el protocolo allí incluía la firma de una declaración jurada, y tres mediciones de la temperatura con termómetros digitales o pasando por un escáner.Desde China, el vuelo de Emirates en el que partieron incluyó varias escalas. La primera en Dubai, donde se repitieron los estrictos controles. Luego pasaron por Brasil, donde pese a que ya se había conocido la existencia de un infectado, “en Río de Janeiro no había demasiado control, solo sacaron la basura del avión”. Aeropuerto de BeijingEl periplo concluyó en Argentina el pasado 25 de febrero: “Salimos del avión, pasamos por migraciones, nos preguntaron de qué vuelo veníamos y seguimos, en Buenos Aires no había nada, ni un anuncio”, declaró Leonardo a quien le llamó la atención no haber sido inspeccionado dados sus reiterados viajes al país asiático: “Mi pasaporte tiene 10 visas de China”. Crespo reconoció que él y su hermana “están bien, no tenemos síntomas, tenemos un riesgo muy bajo”, sin embargo cuestionó el protocolo dispuesto por el Ministerio de Salud: “Solo había un cartel que dice que si pasaste por China y tenes fiebre o tos, llames a un número de teléfono”. Por lo que Leonardo y Laura decidieron controlarse ellos mismos y alquilaron un departamento en la Ciudad de Buenos Aires donde se aislaron por decisión propia: “Somos de Mar del Tuyú pero decidimos quedarnos unos días en Capital por precaución”.“Tratamos de aislarnos y solo salimos una vez a comprar comida, tenemos barbijos porque compramos allá. Acá no hay”, enfatizó.Si bien no tuvieron contacto con personal del Ministerio de Salud, se comunicaron al número de contacto que figuraba en el cartel del aeropuerto y, según Leonardo, la respuesta que recibieron fue: “Si tenés un síntoma podes ir a cualquier hospital”. “Nos dijeron que como no teníamos síntomas no hacía falta que usáramos barbijos, nos sentímos subestimados, nos dijeron que no nos preocupáramos”.“En China nos controlaban todo el tiempo y acá no nos hicieron ningún control”, denunció el abogado. “No es tan difícil tener un control de los vuelos a China”, declaró y resaltó que ellos apoyan “las acciones que se hicieron en el mundo y en especial en China, donde hay un sacrificio grande de la gente para frenar el virus".Vivir el avance del coronavirus en primera personaLeonardo Crespo detalló cómo fue vivir en China mientras avanzaba la enfermedad y las restricciones para superar la epidemia. Oriundo de Mar del Tuyú, graduado de la Facultad de Derecho de Mar del Plata, Crespo se radicó en China hace más de cinco años. Se instaló en la ciudad de Foshán, al sur del país asiático, para estudiar chino y hacer una maestría en comercio internacional. Con el tiempo comenzó a trabajar en una empresa de robótica. Hace dos años se mudó a China su hermana Laura, de 35 años, junto con el novio a la ciudad de Tianjín. Semanas atrás en el marco de los festejos por el Año Nuevo Chino “se empieza a comentar que había un nuevo virus, parecía ser una cosa local, como extranjeros no teníamos mucha información en ese momento”, contó el hombre de 30 años quien explicó que con el correr de los días supieron que la situación “era complicada y había que tener cuidado”. El avance del coronavirus empeoraba día a día. “El 22 de enero empiezo a usar una máscara, es muy habitual que la gente use barbijos por la polución, en la farmacia te venden como máximo dos paquetes”, resaltó sobre la demanda ante la enfermedad. Al día siguiente, “el 23, el Gobierno nacional chino cerró las provincias de Hubei y Hunan; fue un antes y un después, se tomó conciencia a nivel nacional que había un virus extremadamente contagioso”. Festejos por el Año Nuevo Chino, antes de la epidemia En ese contexto, Leonardo viajó a Tianjín para encontrarse con su hermana y la pareja. “Cada día que pasaba se agravaba la situación y los controles se extremaron”. Plazas públicas vacías, centros comerciales cerrados, la desolación de un país donde al día de hoy hay 2.747 muertos por el virus. “No podías salir sin barbijo, te controlaban la temperatura y te daban un sistema de cartas para ver quién vivía en el edificio y quien podía entrar”. Los tres argentinos, como el resto de los habitantes, permanecían en sus departamentos y casas, solo salían para comprar comida. “En el supermercado tenías que es escanear un código QR que te detecta en qué región estuviste, de dónde venías y si podías representar algún tipo de riesgo”. “Durante un mes solo salíamos para comprar comida”, agregó de su experiencia en primera persona. Las bicicletas de uso público también tienen un código QR que al escanearlo “un audio te dice que te cuides y uses barbijo”.Las bicicletas con código QR para escanearMientras el gobierno chino decidió extender una semana más las vacaciones, hasta el 10 de febrero, las empresas también tomaron sus recaudos: al principio “comida individual” y luego “la gente trabajando desde su casa”. Ante casos de trabajadores infectados, “el Estado exigía cerrar la empresa”. El protocolo que vive la sociedad china incluye controles no solo en aeropuertos, y en el trabajo, incluye comercios y universidades, informó el abogado.Pese al dramatismo de la situación, para Leonardo “todas las medidas drásticas que se tomaron generaron mayor tranquilidad, las tasas se están achicando, y hay provincias sin nuevos contagios”. En efecto, el coronavirus dejó este jueves en China 327 nuevos casos confirmados y 44 muertes más lo que totalizan 2.788 muertos y 78.824 infectados a nivel mundial desde que empezó la epidemia, lo que significa una caída del 24,5% con respecto a los registros del día anterior, informaron las autoridades chinas.Seguí leyendo:Coronavirus vs. gripe: cuáles son las similitudes y diferenciasSan Pablo, en alerta máxima por el avance del coronavirus

Vaticano cierra catacumbas de Italia por el coronavirus

Por Philip PullellaCIUDAD DEL VATICANO, 27 feb (Reuters) - El Vaticano ha cerrado todas las catacumbas que normalmente están abiertas al público debido al brote de coronavirus que afecta a Italia.Monseñor Pasquale Iacobone sostuvo que se tomó la decisión para proteger a los guías que trabajan en los espacios subterráneos y a los visitantes.Iacobone, secretario de la Comisión Pontificia para la Arqueología Sagrada, dijo a Reuters que la suma de visitantes, espacios pequeños y estrechos y la humedad en las catacumbas son condiciones ideales para la propagación del virus.Italia es el país más afectado de Europa, con 17 muertes por el virus y 650 infecciones. El brote se centra en un pequeño grupo de ciudades en las norteñas regiones de Lombardía y Véneto.Las catacumbas son sitios de entierro subterráneos que datan del siglo II. Las más famosas y visitadas se encuentran en Roma y consisten en varios kilómetros de túneles.El Vaticano las administra junto con muchas otras catacumbas cristianas en toda Italia. Alrededor de una docena han sido exploradas y abiertas al público."Esperamos poder reabrirlas lo antes posible, pero realmente no teníamos otra opción", dijo Iacobone.(Reporte de Philip Pullella; Editado en español por Javier Leira)