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Mirando el 2020: un diagnóstico realista de la defensa argentina

(Gustavo Gavotti) ((Gustavo Gavotti)/)

La defensa argentina es un área del Estado que integra el llamado Sector Seguridad del mismo, tal como se entiende técnicamente en todo el mundo. Pero esta integración en la Argentina es imperfecta. Distorsiones técnicas de todo tipo han actuado por influencia de la ideología, los prejuicios, los temores y los antecedentes de las FFAA durante su rol en el siglo XX que han dejado a esta área como una isla, un gueto dentro del Estado, por el cual pocos se preocupan y a casi todos no les interesa nada acerca de ella.

La defensa argentina enfrenta situaciones inéditas en comparación con cualquier otro país del mundo. Mientras la Argentina reclama miles de kilómetros cuadrados marítimos e insulares (que ahora están en manos de una potencia extranjera) desde su Constitución Nacional, ésta permite inferir que promueve su desarme ya que no la considera ni siquiera como un elemento de presión para alcanzar con éxito el reclamo soberano. Al mismo tiempo nuestro país tiene una base de telemetría, comando y control del ejército de otra potencia que es un objetivo estratégico militar a atacar por otra potencia en una eventual guerra espacial entre ambas que dejaría inerme nuestro país. Además, por el marco legal vigente, esta defensa puede tener participación de apoyo frente a algunas amenazas a la seguridad interior que impactan en el país. En ningún caso estas responsabilidades secundarias ni otras que puedan considerase como nuevas justificaciones pueden sustituir la misión principal que es la única razón que justifica la existencia de una defensa en cualquier país del mundo.

Visto este contexto y de cara al año 2020, la defensa argentina se encuentra desarmada, sin política de defensa alguna y sin política militar. Estas dos políticas no son iguales pero nadie toma nota de la diferencia. Además, la defensa argentina no tiene soporte superior en la seguridad nacional del país porque ésta no existe, es una mala palabra, una excentricidad argentina difícil de explicar a cualquier otro especialista del mundo. Sea éste de los EEUU, de Europa, de Rusia, de China o de Cuba. Entonces, sin soporte superior y sin finalidad, la defensa argentina languidece porque no tiene ninguna importancia para la elite política y tampoco para la sociedad, que solo se acuerda de ella en algún acto patrio.

Este aislamiento dentro del Estado ha sido muy costoso para los contribuyentes argentinos. Un estudio reciente del Profesor Thomas Scheetz sostiene que desde 1994 el país ha gastado unos USD 83,6 mil millones. Más de un préstamo y medio del FMI actual que hoy se adeuda.

Todo ese gasto representó puro gasto salarial. Tuvo un promedio del 80%. Un descomunal gasto que no tuvo impacto en la economía argentina. La defensa argentina no demanda bienes y servicios a la sociedad. Tiende a autoabastecerse por sí mismo de casi todo. Si necesita formación universitaria, tiene su propia universidad e institutos universitarios. Si necesita bienes y servicios logísticos, se los autopresta por sí misma a través de su propia organización logística y sus propias empresas estatales. Si necesita botas, se las fabrica por sí mismo y hasta tiene sus propias panaderías. No hay prácticamente interrelación económica con la industria ni con el empresariado argentino. No tiene proveedores de calidad ni de gran magnitud. Lo poco que se gasta en operaciones y mantenimiento no genera puestos de trabajo en la sociedad ni tampoco intereses. El aislamiento ocasiona que a nadie le importe lo que sucede con ella. El gueto se fagocita a sí mismo, a costa del dinero de los contribuyentes.

Este gasto salarial habla de una fuerza de defensa sin diseño para la defensa. Es un grito que indica la existencia de una superburocracia llena de redundancias y de una cantidad caótica de personal que solo está para justificar los cargos de aquellos que hoy se conforman con ser meros burócratas y no guerreros de tierra, mar o aire. Los datos indican que estamos frente a una rana que ha estado por lo menos un cuarto de siglo en agua hirviendo, que ha preferido quedarse sin patas ni manos y que hace todo lo posible para conservar esa panza que aun consume presupuesto como modo de sobrevivencia. Ni los muertos conmueven a esta organización. Tampoco la frustración y el desencanto. Todos los que están en agua hirviendo parecen estar acostumbrados.

Los sistemas de armas que poseía se han ido desprogramando por el paso del tiempo y la defensa argentina no tuvo capacidad de adquirir bienes de capital de reemplazo porque su calidad de gasto ha sido pésima, a pesar que desde el año 2011 al 2017 ha tenido un nivel de gasto militar que lo posicionó como el cuarto más grande de Latinoamérica (Brasil, el primero, con USD 30.000 millones; México, segundo, con USD 15.000 millones; Colombia, tercero, con USD 10.000 millones anuales). Otros países, con menor gasto militar, como Venezuela, Chile y Perú tienen defensas con sistemas de armas que empoderan el poder militar de estos Estados. En 25 años, de los 83.593 millones de dólares, solo se gastaron en armas 1.548 millones. Es decir, nada en términos comparativos.

Indudablemente, un factor que también colaboró con esta situación ha sido la falta de estabilidad en las alianzas que ha sostenido el país. La Argentina no ha sido un aliado confiable de nadie y lo que debería ser una cuestión de Estado es una personal de quien ha sido el Presidente de la Nación. Los sistemas de armas implican tecnologías sensibles y poder militar por un lapso de por lo menos 30 a 40 años por delante. No se venden a cualquiera. La tecnología militar es muy difícil de desarrollar por un solo país, salvo las potencias militares. Es otra realidad que hay que asumir como limitación.

Finalmente queda claro que ni el contribuyente ni la elite política argentina están dispuestos a sostener un gasto anual en defensa más allá del 1% del PBI del país. Esta es otra realidad. Hay otras cuestiones técnicas que hacen al diagnóstico. Sin embargo entiendo que lo descripto permite tener un diagnóstico realista, lo cual significa que a partir de él se puede diseñar una política y un programa de acción exitosos.

En el 2020, el próximo presidente de la Nación habrá de tomar una decisión: ¿Seguimos así con esta isla o hacemos lo que hay que hacer?

Magister en defensa nacional y coautor del Libro “Hacia la Modernización del Sistema de Defensa Argentino”

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Dos argentinos llegaron de China, nadie los controló y decidieron ponerse en cuarentena

Laura y Leonardo Crespo Con casi tres mil muertes y más de 80 mil personas infectadas, el avance del coronavirus tiene en vilo al mundo. Pese a que el Ministerio de Salud informó que los 21 casos en estudio que se registraron en Argentina dieron negativo, continúan los cuestionamientos de algunos pasajeros que ingresan al país y denuncian que en el aeropuerto no se les aplica el protocolo para prevenir la propagación del virus. Es el caso de Leonardo Crespo y su hermana Laura que tras vivir en primera persona el avance del coronavirus en China, regresaron a Argentina y ante la falta de controles, tomaron la decisión de aislarse. La comunidad científica informó que las personas pueden ser portadoras del virus, pese a no tener síntomas específicos como la fiebre, sin embargo, en diálogo con Infobae, Leonardo comentó que al llegar a la Argentina profesionales médicos le respondieron que “si no teníamos síntomas no nos preocupáramos”. Leonardo y Laura, oriundos de Mar del Tuyú, residen en China y tenían previsto regresar a Argentina. Ante la incertidumbre por el avance del virus y debido a que se empezaron a cancelar varios vuelos, decidieron adelantar su vuelta al país. Al llegar al aeropuerto de Beijing el pasado 24 de febrero, lo encontraron “prácticamente vacío”. “La poca gente que había andaba con máscaras”, describió y agregó que el protocolo allí incluía la firma de una declaración jurada, y tres mediciones de la temperatura con termómetros digitales o pasando por un escáner.Desde China, el vuelo de Emirates en el que partieron incluyó varias escalas. La primera en Dubai, donde se repitieron los estrictos controles. Luego pasaron por Brasil, donde pese a que ya se había conocido la existencia de un infectado, “en Río de Janeiro no había demasiado control, solo sacaron la basura del avión”. Aeropuerto de BeijingEl periplo concluyó en Argentina el pasado 25 de febrero: “Salimos del avión, pasamos por migraciones, nos preguntaron de qué vuelo veníamos y seguimos, en Buenos Aires no había nada, ni un anuncio”, declaró Leonardo a quien le llamó la atención no haber sido inspeccionado dados sus reiterados viajes al país asiático: “Mi pasaporte tiene 10 visas de China”. Crespo reconoció que él y su hermana “están bien, no tenemos síntomas, tenemos un riesgo muy bajo”, sin embargo cuestionó el protocolo dispuesto por el Ministerio de Salud: “Solo había un cartel que dice que si pasaste por China y tenes fiebre o tos, llames a un número de teléfono”. Por lo que Leonardo y Laura decidieron controlarse ellos mismos y alquilaron un departamento en la Ciudad de Buenos Aires donde se aislaron por decisión propia: “Somos de Mar del Tuyú pero decidimos quedarnos unos días en Capital por precaución”.“Tratamos de aislarnos y solo salimos una vez a comprar comida, tenemos barbijos porque compramos allá. Acá no hay”, enfatizó.Si bien no tuvieron contacto con personal del Ministerio de Salud, se comunicaron al número de contacto que figuraba en el cartel del aeropuerto y, según Leonardo, la respuesta que recibieron fue: “Si tenés un síntoma podes ir a cualquier hospital”. “Nos dijeron que como no teníamos síntomas no hacía falta que usáramos barbijos, nos sentímos subestimados, nos dijeron que no nos preocupáramos”.“En China nos controlaban todo el tiempo y acá no nos hicieron ningún control”, denunció el abogado. “No es tan difícil tener un control de los vuelos a China”, declaró y resaltó que ellos apoyan “las acciones que se hicieron en el mundo y en especial en China, donde hay un sacrificio grande de la gente para frenar el virus".Vivir el avance del coronavirus en primera personaLeonardo Crespo detalló cómo fue vivir en China mientras avanzaba la enfermedad y las restricciones para superar la epidemia. Oriundo de Mar del Tuyú, graduado de la Facultad de Derecho de Mar del Plata, Crespo se radicó en China hace más de cinco años. Se instaló en la ciudad de Foshán, al sur del país asiático, para estudiar chino y hacer una maestría en comercio internacional. Con el tiempo comenzó a trabajar en una empresa de robótica. Hace dos años se mudó a China su hermana Laura, de 35 años, junto con el novio a la ciudad de Tianjín. Semanas atrás en el marco de los festejos por el Año Nuevo Chino “se empieza a comentar que había un nuevo virus, parecía ser una cosa local, como extranjeros no teníamos mucha información en ese momento”, contó el hombre de 30 años quien explicó que con el correr de los días supieron que la situación “era complicada y había que tener cuidado”. El avance del coronavirus empeoraba día a día. “El 22 de enero empiezo a usar una máscara, es muy habitual que la gente use barbijos por la polución, en la farmacia te venden como máximo dos paquetes”, resaltó sobre la demanda ante la enfermedad. Al día siguiente, “el 23, el Gobierno nacional chino cerró las provincias de Hubei y Hunan; fue un antes y un después, se tomó conciencia a nivel nacional que había un virus extremadamente contagioso”. Festejos por el Año Nuevo Chino, antes de la epidemia En ese contexto, Leonardo viajó a Tianjín para encontrarse con su hermana y la pareja. “Cada día que pasaba se agravaba la situación y los controles se extremaron”. Plazas públicas vacías, centros comerciales cerrados, la desolación de un país donde al día de hoy hay 2.747 muertos por el virus. “No podías salir sin barbijo, te controlaban la temperatura y te daban un sistema de cartas para ver quién vivía en el edificio y quien podía entrar”. Los tres argentinos, como el resto de los habitantes, permanecían en sus departamentos y casas, solo salían para comprar comida. “En el supermercado tenías que es escanear un código QR que te detecta en qué región estuviste, de dónde venías y si podías representar algún tipo de riesgo”. “Durante un mes solo salíamos para comprar comida”, agregó de su experiencia en primera persona. Las bicicletas de uso público también tienen un código QR que al escanearlo “un audio te dice que te cuides y uses barbijo”.Las bicicletas con código QR para escanearMientras el gobierno chino decidió extender una semana más las vacaciones, hasta el 10 de febrero, las empresas también tomaron sus recaudos: al principio “comida individual” y luego “la gente trabajando desde su casa”. Ante casos de trabajadores infectados, “el Estado exigía cerrar la empresa”. El protocolo que vive la sociedad china incluye controles no solo en aeropuertos, y en el trabajo, incluye comercios y universidades, informó el abogado.Pese al dramatismo de la situación, para Leonardo “todas las medidas drásticas que se tomaron generaron mayor tranquilidad, las tasas se están achicando, y hay provincias sin nuevos contagios”. En efecto, el coronavirus dejó este jueves en China 327 nuevos casos confirmados y 44 muertes más lo que totalizan 2.788 muertos y 78.824 infectados a nivel mundial desde que empezó la epidemia, lo que significa una caída del 24,5% con respecto a los registros del día anterior, informaron las autoridades chinas.Seguí leyendo:Coronavirus vs. gripe: cuáles son las similitudes y diferenciasSan Pablo, en alerta máxima por el avance del coronavirus

Vaticano cierra catacumbas de Italia por el coronavirus

Por Philip PullellaCIUDAD DEL VATICANO, 27 feb (Reuters) - El Vaticano ha cerrado todas las catacumbas que normalmente están abiertas al público debido al brote de coronavirus que afecta a Italia.Monseñor Pasquale Iacobone sostuvo que se tomó la decisión para proteger a los guías que trabajan en los espacios subterráneos y a los visitantes.Iacobone, secretario de la Comisión Pontificia para la Arqueología Sagrada, dijo a Reuters que la suma de visitantes, espacios pequeños y estrechos y la humedad en las catacumbas son condiciones ideales para la propagación del virus.Italia es el país más afectado de Europa, con 17 muertes por el virus y 650 infecciones. El brote se centra en un pequeño grupo de ciudades en las norteñas regiones de Lombardía y Véneto.Las catacumbas son sitios de entierro subterráneos que datan del siglo II. Las más famosas y visitadas se encuentran en Roma y consisten en varios kilómetros de túneles.El Vaticano las administra junto con muchas otras catacumbas cristianas en toda Italia. Alrededor de una docena han sido exploradas y abiertas al público."Esperamos poder reabrirlas lo antes posible, pero realmente no teníamos otra opción", dijo Iacobone.(Reporte de Philip Pullella; Editado en español por Javier Leira)